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Casos: El lado oscuro del duelo Kasparov-Deep Blue"
Días atrás se estrenó en Nueva York un documental que revive un episodio decisivo en la historia del ajedrez y la inteligencia artificial. El hecho supo generar cierta controversia en 1997, cuando sucedió, y nunca quedó cerrado. Game Over: Kasparov and the Machine (Final de juego: Kasparov y la máquina) indaga en los sucesos e hipótesis que rodearon la derrota del campeón mundial ante Deep Blue, la supercomputadora de IBM. Web
Casos: El lado oscuro del duelo Kasparov-Deep Blue
Yo, robot
Las sospechas sobre el match que Gary Kasparov perdió en 1997 ante la Deep
Blue de IBM.
Días atrás se estrenó en Nueva York un documental que revive un episodio
decisivo en la historia del ajedrez y la inteligencia artificial. El hecho
supo generar cierta controversia en 1997, cuando sucedió, y nunca quedó
cerrado. Game Over: Kasparov and the Machine (Final de juego: Kasparov y
la máquina) indaga en los sucesos e hipótesis que rodearon la derrota del
campeón mundial ante Deep Blue, la supercomputadora de IBM. Para muchos
fue un duelo entre dos máquinas, pero lo que esta flamante película de
Vikram Jayanti intenta postular con los recursos del film noir y el
thriller paranoico conspirativo es que hubo oscuros intereses corporativos
en juego, y que la derrota de Kasparov, mitad judío mitad armenio, así
como su encumbramiento a lo largo de los doce años previos, tuvieron una
enorme significación política.
A mediados de los ‘90, la IBM estaba perdiendo parte de su clientela a
manos de la mucho más joven Microsoft y otros “advenedizos”. Necesitaba,
pues, de un certero golpe publicitario que probara su agilidad y dinamismo
en el mercado de los bits y los chips. Ya en dos ocasiones (1989 y 1996)
Kasparov había vencido con soltura y velocidad a dos versiones previas de
la máquina. Programada para 1997, la revancha –como sigue sosteniendo hoy
Kasparov– “era una gran idea, así que me puse enteramente en sus manos”.
El mismo Kasparov necesitaba mejorar un poco su imagen pública: ya había
pasado más de una década desde que le arrebatara el título mundial a
Anatoly Karpov, el gran maestro ruso presuntamente protegido por el
Politburó.
Tras un primer encuentro triunfal con Deep Blue, Kasparov enfrentó en ese
aciago 1997 una serie de derrotas que terminaría adjudicando en parte a la
ansiedad, a las múltiples presiones y a la enorme exposición pública a la
que se lo había sometido. Mientras su madre lo arengaba a “comportarse
como un hombre” y enfrentar las cámaras en el fracaso, los medios hablaban
de un monstruo tecnológico capaz de humillar al ser humano para siempre y
Newsweek titulaba en tapa La última oportunidad del cerebro humano,
Kasparov y sus defensores alegaban que había algo más. Según el gran
maestro, había algo “demasiado humano” en las nuevas decisiones –menos
mecánicas– de la máquina. Insinuó una sospecha sobre la existencia de un
posible seleccionado de grandes maestros operando en las sombras, agregó
luego de que las condiciones en que se había desarrollado el juego
(incluyendo el aire acondicionado) habían sido preparadas para
“conveniencia de la máquina, con decenas de personas a su servicio”, y
dijo que IBM le había prometido copias impresas de los procesos de su
adversario que nunca le entregó.
En esa ocasión, la IBM ganó unos 500 millones de dólares en publicidad y
una cotización bursátil record. “Creo que IBM nos debe, a mí y al resto de
la humanidad, una revancha”, escribía tiempo después Kasparov, desafiando
a la compañía a una serie de diez juegos en veinte días: “A todo o nada,
para que sepan que no es por dinero. Todos están esperando una respuesta”.
Actualmente, Deep Blue está desmontada y su destino es incierto.