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11/22/2007 Archived Entry: "arg (0k image) Bobby Fischeer estaría muy enfermo."

"Más que paranoico" y "distanciado de sus amigos islandeses", Bobby Fischer está internado con "serios problemas físicos" en el hospital de Reykjavik, la ciudad que hace 35 años lo coronó campeón mundial de ajedrez.

Nota y una breve reseña de su vida

Tras los pasos de Bobby Fischer... y sus fantasmas
Publicado: HOY | 04:53 en Weblog Los Especialistas

REYKJAVIK, Islandia.- "Más que paranoico" y "distanciado de sus amigos islandeses", Bobby Fischer
está internado con "serios problemas físicos" en el hospital de Reykjavik, la ciudad que hace 35
años lo coronó campeón mundial de ajedrez.

"Sí, el está aquí, pero para saber sobre su estado de salud tiene que hablar con la gente que lo
acompaña", me dice por teléfono una autoridad del Landspitalis, el hospital de la capital de
Islandia.

Pero "la gente que lo acompaña" ya no es mucha: su pareja, la japonesa Miyoko Watai, no atiende el
teléfono, y el gran maestro Helgi Olafsson, uno de sus pocos amigos en Islandia, me responde por
correo electrónico: "Jamás hable públicamente sobre Bobby Fischer desde el otoño de 2005".
Tampoco habla Gudmundur Thorarinsson, presidente de la Federación Islandesa de Ajedrez cuando
Fischer derrotó a Boris Spassky y rompió con la hegemonía soviética en el ajedrez mundial. El
célebre duelo de 1972 en Reykjavik fue uno de los capítulos más notables del deporte en los años
calientes de la Guerra Fría.

Thorarinsson, miembro del Comité de Ayuda a Fischer, me sugiere hablar con Einar Einarsson,
director del Comité. "En Islandia -se limita a responderme Einarsson- la enfermedad es asunto
privado y el Comité no dirá nada sin el consentimiento de la persona involucrada."
También en la Argentina -le aclaro a Einarsson- la enfermedad es un asunto privado, pero no es
honesto contar cómo vive hoy Fischer en Islandia ignorando que el hombre que revolucionó el ajedrez
mundial parece estar con su salud empeorada e internado desde hace varias semanas en el hospital.
"Está mal, el problema es serio", me asegura uno de sus vecinos en una recorrida que hice por el
barrio de Fischer. Nadie quiere decir su nombre en el 101 Reykjavik, como se conoce al Down Town de
la capital más septentrional del mundo, poblada por cien mil habitantes y cuya vida de noches de
invierno heladas y eternas refleja con cinismo la película homónima que protagonizó Victoria Abril
en 2001.

En abril de 2005, Fischer, de 64 años, se estableció en Reykjavik, en un departamento con vista al
océano Atlántico, cuando Islandia le concedió el pasaporte y le dio asilo político. Quiso proteger
al hijo pródigo que, arrestado en Japón desde el 13 de julio de 2004, corría serio riesgo de que
Estados Unidos lo extraditara para encarcelarlo porque en 1992 escupió sobre un documento del
Departamento del Tesoro que le recordaba el embargo sobre la ex Yugoslavia y la prohibición de
jugar allí una millonaria reedición de su histórico partido ante Spassky.

"¡Me cago en Estados Unidos!, ¡muerte a los Estados Unidos!", gritó a la emisora filipina Bombo
Radio, en una de sus escasas entrevistas, el 11 de septiembre de 2001, horas después del ataque
contra las Torres Gemelas. Fue un exabrupto que aumentó la persecución.

Fischer, que al vencer a la maquinaria del ajedrez soviético se convirtió en un ícono de los
Estados Unidos en los años de la Guerra Fría , en Japón tenía una dirección de correo electrónico
que comenzaba "us_is_shit" (Estados Unidos es mierda).

"Una vez me contó que EE.UU. tiene su captura solicitada en 478 aeropuertos del mundo", dice uno de
sus vecinos.

Se trata de un enfrentamiento que no hizo más que aumentar su paranoia, la misma que en 1972 lo
llevó a sospechar que la silla giratoria que necesitaba para el partido contra Spassky era objeto
de un ataque químico de la KGB , que además quería "envenenarlo". Ahora, en cambio, y de acuerdo
con su paranoia, lo persigue la CIA. Toda una ironía para quien, sin saberlo, era vigilado por el
FBI desde niño debido a las simpatías comunistas de Regina Wender, su madre, de familia judía, que
había enviado a su hijo de once años al psiquiatra porque Bobby se vinculaba con el mundo sólo a
través de un tablero de ajedrez.

Furioso contra los Estados Unidos, antisemita virulento, paranoico y obsesionado con el nazismo,
Fischer es un cuerpo extraño en Reykjavik, una ciudad famosa por su tolerancia, democrática y
pacífica, en un país que en veinte años dejó de ser pobre y hoy es uno de las más ricos de Europa.
Lo certifica un recorrido por Laugaveuk, "The main street shopping" (La principal calle para hacer
compras), como dice el pasacalles, que antecede a las vidrieras de Gucci y Max Mara, y al desfile
de Mercedes-Benz y de Toyota, en pleno 101 Reykjavik, a pocas cuadras de la casa de Fischer.
Antes de caer hospitalizado, Fischer tuvo épocas en las que caminaba todo el día o saltaba de un
colectivo a otro, pedía cerveza en panaderías, se quedaba dormido leyendo en una librería vecina y
"estaba obsesionado" elaborando un posible libro sobre los outlaws , es decir, los "fuera de la
ley".

"Es cierto que una vez se llevó una biografía de Hitler, pero no es nazi. El quiere saber qué había
en la cabeza de esa gente", cuenta otro vecino, que lo veía seguido en Huersfisgatif, la hermosa
librería cercana a su casa.

"Claro que yo lo he visto, pero mire, aquí han venido del programa 60 Minutos (de la TV de EE.UU.)
y hasta de la televisión rusa y no he hablado con nadie", responde Bragi Kristjonsson, dueño de la
librería, mientras guarda un libro de 1890 de cocina húngara. En las paredes cuelgan las fotos de
Marylin Monroe, Fidel Castro y Condoleeza Rice, los afiches de Fischer y hasta una entrada de la
histórica partida de 1972 ante Spassky, cuya popularidad marcó un antes y un después en la historia
del ajedrez mundial.

Fischer, que ya a los 14 años era campeón nacional de los Estados Unidos, puso en riesgo el duelo
con caprichos y exigencias interminables: la silla, el tablero, las piezas, la sala, la luz, el
sonido, el público, la TV y el horario. Todo, absolutamente todo, debía acomodarse para que cesaran
sus amenazas constantes de abandono.

"Sólo falta que pida que el sol se ponga tres horas antes", ironizaron algunos. Fue necesaria una
llamada de Henry Kissinger, entonces consejero de Seguridad Nacional del presidente Richard Nixon,
para que jugara. Estados Unidos ya intuía el desastre de Vietnam, y Fischer, que era un
anticomunista furioso, atendió el llamado de una patria a la que odiaría después.
Bobby Fischer se fue a la guerra , el libro que publicaron en 2004 los periodistas ingleses David
Edmonds y John Eidinow, describe de modo inmejorable aquel momento histórico. Recuerda que
Islandia, un país cuyo hecho más excitante había sido hasta ese entonces un congreso de dentistas,
según Los Angeles Times , primero recibió el match con entusiasmo, pero luego enfureció ante los
desplantes de Fischer, a quien los diarios de Reykjavik llegaron a calificar como "el hombre más
odiado de Islandia".

Sin embargo, Islandia, un país amante del ajedrez, sintió una deuda de honor y asiló a Fischer
cuando Estados Unidos quiso enviarlo a prisión. Pero el hombre que durante dos meses puso a
Islandia y al ajedrez en la tapa de la prensa mundial hoy es un problema. Y pocos quieren hablar en
público de él, en parte por respeto a su privacidad, pero también, según parece, por una suerte de
orgullo nacional que sienten los habitantes de un país al que numerosos informes citan como "el más
democrático y feliz de la tierra".

"¡Qué va! Si hasta le pagaron el pasaje a este «Fiche», que tiene millones en un banco suizo. Le
dieron una ciudadanía que llevaría siete años de trabajo aquí y aportando al fisco. Es pura
política, pero nadie dice nada, porque acá son todos «primos». El que no fue a la escuela con uno
fue con el otro", me dice Diego, un español que vive en Islandia desde hace treinta años. La
compañera es una rumana que tampoco quiere a "Fiche" ni a los islandeses. Los considera "fríos y
arrogantes". La mujer sufre en un país en el que "no hay nada para hacer, salvo la casa y el
trabajo". El paisaje no ayuda. Tierra volcánica, casi ni un árbol. Ideal para que la NASA , según
se cuenta, enviara a sus astronautas para que se hicieran una idea previa del paisaje lunar.
Diego y su esposa fueron los únicos de mis entrevistados que hablaron mal de "Fiche". Así llama
Diego "a ese criminal que traicionó a su país". Los demás lo quieren. "Sé que es excéntrico y que
habla de más, pero ésas son sus ideas y acá todos lo respetamos porque lo que él te hace ver es lo
que él es", dice la empleada de un hotel.

"Yo estuve a punto de llamarlo, mira, éste es su numero de teléfono. Queríamos pedirle que hiciera
de árbitro, sin necesidad de hablar, en un film de ajedrez que estamos haciendo. Pero el proyecto
está detenido y sé que Fischer se peleó con todos, incluso con Saemi", agrega Thorstein, dentro de
una galería de arte.

Saemi es Saemi Palsson, el policía islandés que hizo de guardaespaldas de Fischer en el partido de
1972. Fue casi un hermano mayor para Fischer. Lo dejaba ganar cuando jugaban tenis, bowling o
carreras de natación. Y Fischer, ya campeón mundial, lo llevó a los festejos en Estados Unidos,
donde Palsson soñó con ser recibido en la Casa Blanca por Richard Nixon.
Pero ahora Fischer y Palsson están distanciados. Fischer, con su paranoia, ve a su amigo como un
"agente de la CIA ", según contó hace tres meses un artículo formidable del diario El País , de
España. El autor, Leontxo García, viajó a Reykjavik y envió tres cartas a Fischer para pedirle una
entrevista. No tuvo suerte, aun cuando en otro artículo, de julio de 2004, García escribió que el
propio Fischer, en 1991, le pidió que lo ayudara a comprender a unos empresarios españoles que le
habían ofrecido fortunas para que volviera al ajedrez.

García, según el artículo de 2004, quedó deslumbrado cuando conoció a un personaje al que se le
atribuye un cociente de inteligencia superior al de Albert Einstein. Pero, por otro lado, asistió
al costado sórdido de "un enfermo mental", pues "es imposible que una persona tan inteligente"
mantenga las "opiniones profundamente racistas y machistas" que García escuchó en aquella reunión
secreta de Francfort, en la que Fischer "vomitó un lenguaje soez" contra comunistas, mujeres,
negros y judíos.

En su artículo más reciente de 2007, García relató que Fischer perdió mucho dinero cuando el banco
suizo UBS, supuestamente bajo presiones, transfirió sin aviso previo a un banco islandés el premio
de 1,9 millones de euros que Fischer había cobrado por su partido de 1992 ante Spassky. Reveló
también que cuando Spassky fue a visitar a Fischer en 2005 a Reykjavik, el ruso, un hombre amable,
hoy radicado en Francia, tuvo que ir hasta su casa para convencerlo de que fuera a la cena, que
había garantías absolutas de privacidad. Fischer, no obstante, revisó primero todos los rincones
para asegurarse de que no hubiera nadie escondido.

"Fischer -me dice hoy García, mientras cubre un torneo en Vitoria, España- revolucionó el ajedrez.
Pero su desequilibrio mental es un claro ejemplo de lo peligrosa que resulta la obsesión por el
ajedrez en los niños. Nunca deberían abandonar sus estudios por el ajedrez, sino formarse como
jugadores y personas al mismo tiempo. Lo mejor -concluye- es recordar a Fischer como un mito y no
regodearse en sus problemas actuales."

Buscando a Bobby Fischer es, justamente, el nombre en español de la película de 1993 en la que Joe
Mantegna, padre obsesionado por el talento precoz de su hijo, quiere convertirlo en el nuevo Bobby
Fischer. Basada en una historia real de Josh Waitzkin, la historia la contó Fred, el propio padre.
Josh al menos tenía padre. El pequeño Bobby, en cambio, creció creyendo que su padre, al que casi
nunca vio, era Gerhardt Fischer, un biofísico alemán, posible agente soviético, que se casó con
Regina en 1933 en Moscú, los dos comunistas y de origen judío.

Pero Regina, emprendedora e inestable, ya estaba separada de Gerhardt cuando nació Bobby, en 1943,
y tenía un romance con el ingeniero húngaro Paul Nemenyi, quien visitó y envió dinero hasta su
muerte en 1952 para el cuidado de su hijo Bobby, a pesar de que Gerhardt figura en los registros
oficiales como padre legal. La historia salió a la luz por la desclasificación de archivos secretos
del FBI, que vigiló por años a Regina. "Los niños sin un padre se vuelven lobos", dijo Fischer.
Después de su coronación en Reykjavik, Fischer no volvió a defender el título del que fue despojado
en 1975 y, salvo el match de 1992 con Spassky, tampoco volvió a competir en público, aunque sí
difundió su proyecto de ajedrez sin límites de tiempo y sorteando las posiciones antes de cada
partida. Pero su vida personal ingresó en el misterio. Una relación con la húngara Zita Rajcanyi,
un hijo en Filipinas que iba a visitar hasta antes de su arresto de 2004 en Japón y una breve
detención en 1981 en una prisión de Pasadena, en la que denunció haber sido torturado, luego de
romper su vínculo con la Iglesia Mundial de Dios. Ni siquiera Reykjavik, la ciudad que más lo
comprende y lo cuida, parece hoy en condiciones de alejar los fantasmas que todavía persiguen a
Bobby Fischer.

REPORTAJE
Fischer se enroca en Islandia

Bobby Fischer e Islandia forman una pareja misteriosa y excepcionalmente atractiva. El ajedrecista
más carismático de todos los tiempos, a caballo entre la genialidad y la paranoia, perseguido con
saña por el Gobierno de EE UU por violar el embargo contra Yugoslavia en 1992, expulsado como
cliente por un banco suizo, ha encontrado paz y asilo político en uno de los países más fascinantes
y vanguardistas, donde el ajedrez es una pasión nacional. Fischer, oculto en Reikiavik, cumplió el
9 de marzo 64 años (uno por cada casilla del tablero) de una vida digna de un Oscar.

Solo y superdotado

A sus 64 años (uno por cada casilla del tablero), Fischer sigue siendo un 'genio lunático'
Islandia, que adora el ajedrez, tiene una deuda que ahora paga: el duelo con Spasski le puso en el
mapa
El ajedrez le enganchó con tal fuerza, a los seis años, que su mente se convirtió en una llanura
blanquinegra
Fischer dice con frecuencia que el ajedrez clásico ya no le interesa, pero sus actos le delatan
EE UU persigue aún a Fischer por su duelo con Spasski de 1992, que violó el embargo a Belgrado
El Mundial de 1972 en Islandia fue histórico: un joven rebelde e independiente, contra el imperio
soviético
Su vida en Reikiavik es monacal, apenas pasea, engorda, va a la biblioteca y no pisa un club de
ajedrez
"Fischer puso a Islandia en el mapamundi en 1972". Lo dice el insigne jubilado Fridrik Olafsson en
su elegante casa frente a la bahía, y se entiende mejor tras recorrer el paisaje lunar que separa
el aeropuerto de Keflavik de Reikiavik: blanco, negro, llano y desierto, como un tablero de ajedrez
sin piezas; nieve en invierno y lava, sin un solo árbol en casi 50 kilómetros . En 1972, el
estadounidense destronó a Borís Spasski y acabó con el reinado absolutista de los ajedrecistas
soviéticos tras el duelo más resonante de la historia. Se disputó en el Laugardalur, un complejo
polideportivo y de exposiciones que aún existe, y también se conserva la mesa de juego, que si
pudiera hablar recordaría la tensión extrema que sintió alrededor.
Olafsson, gran maestro de ajedrez y abogado, fue presidente de la Federación Internacional de
Ajedrez (FIDE) y del Parlamento de Islandia, el más antiguo del mundo (se creó en el siglo X). Y no
exagera: la imagen de su país en el mundo era la de unos cuantos miles de pescadores que malvivían
en una isla perdida en la inmensidad del Atlántico Norte. Pero aquel duelo salpimentó aún más la
guerra fría: el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, intervino personalmente para
convencer al díscolo Fischer de que viajase a Islandia aunque no se aceptasen todas sus
condiciones, y a pesar de sus temores sobre la intervención del KGB; para estimularle, un
millonario británico, James Slater, dobló la bolsa, con 125.000 dólares; la derrota de Spasski en
el deporte que mostraba "el esplendor de la URSS " causó enorme rabia y disgusto en el Kremlin,
mientras los libros y juegos de ajedrez se agotaban en casi todo el mundo. Islandia fue noticia
cotidiana durante dos meses, gracias a Fischer.
De ahí que sea muy difícil encontrar hoy a un islandés a quien le parezca mal que su Gobierno
concediese asilo político a Fischer en 2005, cuando estaba preso en una cárcel japonesa. Detenido
por una orden internacional de busca y captura, Washington había pedido su extradición por haber
disputado, a cambio de tres millones de dólares, un duelo de revancha con Spasski en Sveti Stefan
(Montenegro) y Belgrado (Serbia) durante el embargo internacional contra la extinta Yugoslavia.
"Lunático y genial", "genio enfermo y solitario" y "maravilloso ajedrecista y pobre hombre" son las
definiciones que el autor de este reportaje escuchó por doquier, en la calle y en clubes de
ajedrez, durante cinco días de los ciudadanos de toda edad y condición en un país rico, tan
atractivo como caro, con turismo de alto nivel y servicios sociales buenísimos, que ya no necesita
ninguna publicidad para prosperar.
Casi todos los islandeses juegan al ajedrez desde que, en el siglo XI, fue introducido en el país
por súbditos ingleses de Canuto el Grande, rey de Dinamarca, Noruega e Inglaterra. Hoy, explicar a
un islandés que la práctica del ajedrez desarrolla la inteligencia es tan innecesario como
aleccionar a un jiennense sobre los beneficios del aceite de oliva: se practica masivamente en los
colegios, y los grandes maestros (la categoría más alta) con dedicación exclusiva reciben un sueldo
estatal de unos 3.000 euros mensuales. Además del citado Olafsson, otros ex jugadores profesionales
son hoy ciudadanos eminentes. Por ejemplo, Margeir Petursson, presidente del banco que lleva su
nombre, MP, que canaliza las cuantiosas inversiones islandesas en Ucrania, las repúblicas bálticas
y otros países del este de Europa; o Johann Hjartarson, abogado de la prestigiosa empresa de
biogenética Decode.
Ciertamente, este país tan avanzado, recóndito y tolerante -el matrimonio entre homosexuales se
legaliza en 1996- es el idóneo para que "un genio lunático" disfrute de su vejez en paz, a pesar de
las barbaridades que ha dicho en varias ocasiones y de su antijudaísmo patológico, que le ha
llevado a negar el holocausto perpetrado por los nazis. El primer ministro islandés lo advirtió:
"El señor Fischer gozará de todas las ventajas de ser un ciudadano islandés y un asilado político,
pero debe asumir también sus responsabilidades". Olafsson, Petursson y Hjartarson, así como los
poquísimos amigos islandeses de Fischer, le han prometido que no hablarán sobre él con una
grabadora en marcha, pero todos coinciden: "Parece imposible que una persona tan inteligente pueda
sostener ideas tan descabelladas. Hemos intentado convencerle de que se equivoca, sin éxito alguno.
Y quizá sea demasiado tarde para que le vea un médico. Entre otras razones, por su manía
persecutoria; teme que un psiquiatra le haga daño a propósito, o le envenene con píldoras". Esa
obsesión ha provocado también que Fischer rompa su relación con una de las personas que más se han
esforzado en ayudarle, Saemi Palsson, su guardaespaldas durante el Mundial de 1972, a quien ahora
acusa de ser "agente de la CIA ".
Como les ocurre a millones de aficionados al ajedrez en todo el mundo, para quienes Fischer sigue
siendo su ídolo aunque ello les obligue a volverse sordos ante sus chirriantes exabruptos, los
islandeses valoran más su lado bueno. Lo explica Gudmundur Thorarinsson, quien sufrió grandes
pesadillas durante aquel histórico duelo contra Spasski de 1972, cuando él era presidente de la
Federación Islandesa de Ajedrez, con la obligación de soportar las tremendas exigencias de Fischer;
por ejemplo, que no hubiera cámaras de televisión, a pesar de las importantes pérdidas económicas
que ello acarreaba; o jugar una de las partidas entre bastidores, sin público. Hoy, Thorarinsson es
miembro del Comité de Ayuda a Fischer: "Aparte de que Islandia está en deuda con él, ayudarle es
una cuestión de pura justicia. Que yo sepa, no hay nadie más que siga siendo perseguido, quince
años después, por violar el embargo contra Yugoslavia. Para empezar, dudo de que jugar unas
partidas de ajedrez suponga tal violación. Además, cualquiera que haya leído la autobiografía de
Clinton recordará cómo se muestra condescendiente con las empresas estadounidenses que traficaron
con armas durante la guerra civil de Yugoslavia", recuerda Thorarinsson en su amplio despacho de
consultor de ingeniería. Tampoco olvida la fuerte impresión que le produjeron unas palabras que
atribuye a la embajadora de EE UU en Islandia, Carol van Voorst: "Cuando le expresé mi asombro
porque siguieran persiguiendo a Fischer quince años después, me contestó que su delito, con
castigos que pueden llegar a los 250.000 dólares de multa y 10 años de cárcel, no prescribe nunca
porque se considera una traición a EE UU". Sin embargo, un portavoz de la embajadora dijo a EL PAÍS
que "no recuerda" haber dicho eso y que desconoce si la situación actual es igual ahora que en
2005.
La saña de Washington contra Fischer hace que algunos de sus amigos crean que el Gobierno de EE UU
presionó al poderoso banco suizo UBS para que cancelase su cuenta y transfiriese los fondos a
Islandia en contra de la voluntad de su cliente; otros atribuyen ese rarísimo comportamiento de un
banco helvético a las manifestaciones antijudías de Fischer, conectándolas con el dinero de los
nazis en bancos suizos. En todo caso, los 111 folios de documentación sobre el asunto que Fischer
guarda escrupulosamente aclaran lo que ocurrió, pero no el porqué. El UBS transfirió el 5 de agosto
de 2005, sin el permiso de Fischer, 3.058.731,66 francos suizos (1,9 millones de euros) a un banco
islandés. La tercera parte de esa cantidad corresponde a depósitos en oro y plata que el banco
liquidó en un momento de cotización muy desfavorable para Fischer, quien asegura que un directivo
del banco le había confesado telefónicamente: "Estamos sufriendo una presión tremenda en este
caso". Sin aclarar a qué se refería.
Además de la deuda moral de Islandia y de la justicia, Thorarinsson arguye un tercer motivo para
apoyar a Fischer: "Es uno de los grandes héroes del deporte de todos los tiempos. El Mundial contra
Spasski de 1972 en Reikiavik fue bautizado como el duelo del siglo, pero yo creo que sería más
preciso el Duelo de la Historia , con mayúsculas. Estamos hablando de un hombre solo, de origen
pobre, rebelde e independiente, contra todo el imperio soviético, que apoyaba el ajedrez con
recursos gigantescos porque lo consideraba un escaparate de la grandeza comunista. Fischer, hombre
de inteligencia excepcional, dedicó lo mejor de su vida a una sola cosa, olvidando su formación
como ser humano. Ésa es la fuente de todos sus problemas". Y para reforzar lo de la inteligencia,
recuerda una anécdota de 1972: "Fischer llamó a casa de Olafsson, y contestó la hija de éste, de 10
años, con unas frases en islandés que Bobby me repitió perfectamente al día siguiente, a pesar de
que no conocía el idioma, para que yo le tradujera lo que había dicho la niña".
La nueva victoria sobre Spasski en el duelo de revancha de 1992 en la extinta Yugoslavia y el
depósito de los tres millones de dólares del premio en el banco UBS marcaron una etapa de razonable
felicidad. Fischer mantuvo un romance con la húngara Zita Rajcsanyi, tuvo después un hijo con una
filipina y terminó asentándose en Tokio, donde conoció a su pareja actual, Miyoko Watai, quien pasa
temporadas con él en Reikiavik. Pero sus allegados islandeses aseguran que un hecho acaecido a
finales de 1998 le produjo una tremenda amargura, perceptible todavía hoy cuando habla de él: dada
su condición de prófugo de la justicia estadounidense y presunto evasor de impuestos, todos sus
bienes y recuerdos personales fueron subastados en Pasadena (California). Y aún peor fue su
detención en el aeropuerto de Tokio, el 13 de julio de 2004, a punto de volar a Filipinas, cuando
un policía comprobó que su pasaporte coincidía con el de un individuo en la lista de órdenes
internacionales de busca y captura. El calvario duró hasta el 27 de abril de 2005, cuando el
Gobierno islandés le extendió un pasaporte mientras el Comité de Ayuda convencía a las autoridades
japonesas para que no concedieran la extradición solicitada por EE UU.
Su vida desde entonces en Reikiavik es casi monacal, en un apartamento cercano al paseo marítimo,
siempre desordenado, con libros, revistas y papeles por doquier. Al principio iba asiduamente a las
piscinas termales, pero ya no, porque teme que el cloro le estropee la piel; apenas pasea, como le
recomiendan sus amigos, preocupados porque está engordando. Va a menudo a librerías de segunda mano y a la biblioteca pública, donde consulta muchos libros de temática variada, relacionados sobre
todo con la política internacional; los libreros le describen como "una persona correcta, pero muy
reservada". Sigue teniendo un gran apetito, está convencido de que el alcohol en pequeñas dosis
cotidianas es beneficioso para la salud, frecuenta los restaurantes asiáticos (tomando antes muchas
precauciones en cuanto a su seguridad), y también disfruta del pescado y el cordero en los de
cocina islandesa; no va jamás a un club de ajedrez y casi no tiene vida social. Se muestra en
contra de un proyecto hidroeléctrico que puede dañar los parajes naturales de Islandia, que son los
más grandes de Europa. Y aboga por que su país de acogida rompa las relaciones diplomáticas con EE
UU.
El 27 de mayo de 2005 le visitó Spasski, y los amigos de ambos organizaron una comida, pidiendo al
dueño del restaurante que lo cerrase, para servirles sólo a ellos preservando su intimidad. Cuando
llamaron a Fischer para decirle que ya podía ir, porque todas las medidas de seguridad requeridas
habían sido tomadas, él se negó; Spasski fue a su casa para convencerle de que ningún periodista o
fotógrafo estaba al corriente de la reunión; Fischer accedió entonces, pero nada más entrar en el
restaurante escudriñó todos los rincones para asegurarse de que no había nadie escondido.
Fischer dice con frecuencia que el ajedrez clásico ya no le interesa, que está demasiado influido
por las computadoras, e incluso que muchas partidas de la élite están amañadas, aunque no haya
ninguna prueba ni indicio de ello. Pero sus propios actos le delatan: el 9 de diciembre, el canal
de televisión Rikisútvarpio transmitió una partida rápida en directo entre dos islandeses de
segunda fila. Poco después del fin de la partida, Fischer llamó al estudio y propuso un remate
bellísimo, mejorando el que se había producido en directo. Ha hablado de la posibilidad de
reaparecer en un duelo que se juegue con el sistema Fischer (sorteando la posición de las piezas
antes de cada partida), siempre que los honorarios y premios le satisfagan. Sin embargo, sigue
teniendo mucho miedo de ser "secuestrado" por el Gobierno de EE UU si el encuentro se disputa fuera
de Islandia, como lo tuvo durante las escalas en Londres y Copenhague cuando voló desde Tokio a
Reikiavik. Preguntado por la situación legal de Fischer en un tercer país, el portavoz de la
Embajada norteamericana en Islandia dijo ignorar la respuesta.
Durante mi estancia en Reikiavik para elaborar este reportaje escribí tres cartas a Fischer, que él
recibió a través de uno de sus pocos amigos, el gran maestro Helgi Olafsson. En ellas le recordé
nuestros agradables encuentros de 1991 (Francfort y Los Ángeles) y 1992 (Sveti Stefan y Belgrado) y
propuse que nos viéramos.
Le insistí en su simbólico 64º cumpleaños (uno por cada casilla del tablero) del 9 de marzo y en el
gran interés público de una entrevista grabada en la que, entre otros temas, podríamos hablar de
política internacional, que tanto le atrae. Y le garanticé que podría leer el texto antes de su
publicación, como exigió siempre en las pocas entrevistas concedidas a lo largo de su vida. Tras la
tercera misiva, Olafsson me contesta: "A pesar del odio de Bobby a los periodistas en general, su
opinión sobre usted es muy positiva, y recuerda con agrado sus encuentros anteriores. Quizá le
llame a su hotel, probablemente de noche. Como usted sabe, es un hombre de mucha vida nocturna".
En un hotel cercano a su casa, paso pegado al teléfono de mi habitación el 8 de febrero, último día
de mi estancia, y duermo con el aparato muy cerca, pero no suena. De madrugada, en la carretera que
atraviesa el paisaje lunar camino del aeropuerto, pienso en que quizá sea mejor así: cada vez que
habla, Fischer es incapaz de sujetar a sus demonios, esos que han manchado y enturbiado una vida
excepcional, y han dañado un cerebro muy poderoso, que podría haberse aprovechado mucho más, tanto en el ajedrez como en otros campos. Tal vez ésta sea su penúltima jugada genial: el enroque con
Islandia.

Biografia
Solo y superdotado

CONOCER LA INFANCIA de Fischer es imprescindible para comprender su vida. Nació en Chicago en 1943,
en plena II Guerra Mundial. La miseria y el hambre dominaron sus primeros cumpleaños. Bobby ya era
un niño solitario, como reconoció años después, ya adulto: "Mi padre dejó a mi madre cuando yo
tenía dos años. Nunca le he visto. Mi madre sólo me dijo que su nombre era Gerhardt y que era de
origen alemán. Los niños que crecen sin un padre se vuelven lobos". Regina, judía, hiperactiva,
culta, políglota (hablaba seis idiomas), simpatizante del comunismo, estudiante de medicina durante
cinco años en Moscú, fue investigada por el FBI, que la consideraba paranoica y sospechosa de
espiar para la Unión Soviética. Todo indica que, en realidad, el padre biológico de Fischer no fue
el biofísico Gerhardt (supuesto espía de Alemania Oriental), sino el inmigrante húngaro Paul
Nemenyi, genial científico de física atómica y colaborador en la construcción de la bomba nuclear,
muerto el 1 de marzo de 1952. Tras las mudanzas a California, Arizona y Nueva York, el ajedrez le
enganchó con tal fuerza, a los seis años, que su mente se convirtió en una llanura blanquinegra y
desértica, como el paisaje desde Keflavik a Reikiavik. Su madre se preocupó mucho por esa obsesión,
como les ocurrió más tarde a las de los soviéticos Anatoli Kárpov y Gari Kaspárov; pero, a
diferencia de éstas, ni Regina ni su familia y allegados ni los profesores de Bobby lograron que el
niño se desarrollase como persona, a pesar de que su cociente intelectual era de 180, altísimo
incluso para un superdotado (a partir de 130), según certificó el colegio Erasmus Hall.
Harta de las constantes broncas con su hijo, Regina le dejó viviendo solo en Brooklyn y se fue al
Bronx. Él tenía 16 años y ya había ganado dos veces el Campeonato Absoluto de EE UU; un día dejó
los estudios: "Los maestros me parecen más estúpidos que los propios alumnos", y convirtió su vida
en un caos; quienes le visitaron en su casa por aquella época aseguran que el desorden era
terrible, l igual que las pocas personas que le han visitado en su actual domicilio de Reikiavik.
Desde ese momento se desarrollaron sus fobias contra comunistas y soviéticos, paralelamente a su
enorme talento para el ajedrez. Muchos le consideran el mejor jugador de todos los tiempos, y ni
siquiera Kaspárov lo niega.

Leonardo Szloss
Círculo de Ajedrez Interindustrial

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